El desembarco chino en el Golfo de Fonseca, poca información y muchas dudas

Poca información ha liberado Sánchez Cerén y su gabinete económico sobre la concesión del puerto de La Unión y de inmuebles adyacentes al mismo a empresarios de la República Popular de China. Los salvadoreños deberíamos saber qué ha pasado con el petróleo de Ecuador y Venezuela, así como la forma oscura en que Cristina Fernández de Kirchner cedió a los chinos la instalación de una estación espacial en la región de la Patagonia.

Mientras la Flota de la Amistad No. 107 de la República de Taiwán atracaba en el Puerto de Acajutla, el pasado 6 de abril, con ayuda tecnológica para el Hospital Militar Central, el presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, preparaba una estocada para Taiwán, que acabaría con una relación diplomática que duró 80 años.

Simultáneamente al anuncio de ruptura de relaciones, Sánchez Cerén anunciaba el establecimiento de relaciones con la República Popular de China. Días antes y después del anuncio presidencial ya había trascendido mediáticamente que unos empresarios chinos tenían interés en desarrollar la isla Perico y que la empresa Asia-Pacific Xuanhao (APX) dedicada, entre otros rubros, al desarrollo de tecnología militar, está interesada en alquilar terrenos adyacentes al puerto de La Unión.

El anuncio cayó como balde de agua fría a Estados Unidos, a Taiwán. Y en muchos salvadoreños ha generado suspicacia.

El Puerto de La Unión Centroamericana, los terrenos adyacentes a esa terminal marítima y la isla Perico, todos en el departamento de La Unión, parecen ser el territorio donde los chinos han puesto el ojo.

Y sobre una supuesta millonaria inversión que haría China, el Órgano Ejecutivo salvadoreño ha montado una estrategia de comunicaciones en la que se enfatiza las oportunidades de desarrollo económico y social, que se generará en el municipio de La Unión y que se desbordará por muchos municipios de la zona sur (costera) del oriente salvadoreño.

El Ministerio de Economía ha asegurado que 35 municipios de la zona sur oriental serán beneficiados directamente con la creación de las zonas económicas especiales (ZEE). Esos municipios que están en la zona de influencia directa, representan el 42.35% del total de municipios de la zona oriental.

El gobierno agrega que ese desarrollo abarcará también a municipios en una zona de influencia indirecta; éstos representan el 57.65% de los municipios de la zona oriental del país. Y el 13.64% del total de El Salvador.

Así planteadas las cosas, suenan idílicas

Pero remitámonos a los pasos que China ha dado ya en Latinoamérica.

La República Popular de China (RPCH)  es uno de los países más extensos del continente asiático; tiene un territorio de 9,597 millones de kilómetros cuadrados, y una población aproximada de 1,379 millones..

A pesar de ser la segunda potencia comercial, unos 50 millones de chinos viven en la pobreza. Y en Shanghai la ciudad considerada como la capital económica de China Popular, hasta el 2016, el salario mínimo era el equivalente a 195 dólares estadounidenses.Explotación infantil, trabajo forzoso y desigualdad salarial definen la situación laboral, según un informe de la Confederación Sindical Internacional (CSI).

Los disidentes chinos son detenidos y puestos en prisión, trabajan como esclavos en las unidades productivas que el gobierno decide bajo la figura penal de “Rehabilitación por el trabajo”.

Lo anterior podría ser la razón por lo que los productos de manufactura china son de mala calidad. ¿O será posible que una persona produzca con calidad cuando trabaja como castigo?. Muchos productos chinos cargan con ese estigma. “Para mientras ponle aunque sea un chinito”, se escucha decir en las ventas de repuestos para vehículos.

¿Quién se acuerda el revuelo que se armó cuando la alcaldía de San Salvador, hace años compró una flota de camiones de fabricación china para recoger basura? Su vida útil fue muy corta.

¿Cuánto invertirá China y cuáles son los términos de esa inversión?

Un diputado de Taiwán dijo que el el Ejecutivo salvadoreño le había pedido una inversión de 27 mil millones de dólares (4 mil millones para operar el puerto de La Unión y 23 mil para las zonas económicas especiales).

Una inversión de esa magnitud requiere una planificación detallada, tanto en finanzas, como en la preparación de los proyectos, además de tiempo y reconocimiento de campo, detalló el funcionario taiwanés, según una publicación de El Diario de Hoy.

Es de suponer que el gobierno de Sánchez Cerén debió haber recibido una oferta igual o mejor a la que Taiwán no quiso acceder. Pero a qué costo, qué pidió China, qué negociaron los del FMLN, qué ganará o qué perderá el pueblo salvadoreño.

El mayor problema de China es que suele negociar con ciertos gobiernos y no con la sociedad entera. Así lo hizo en Argentina, con el terreno donde ha instalado una estación espacial en la región de La Patagonia, sin pagar ni un centavo.

China no pierde. Durante años ha desembolsado miles de millones de dólares a gobiernos latinoamericanos quienes ante la incapacidad de pago, algunos le ceden sus riquezas naturales. De Ecuador se lleva casi el 90 por ciento  de la producción de petróleo; y a mediados de este mes, durante su viaje a China, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, entregó el negocio de la producción petrolera al gigante asiático.

Claro, Maduro regresó a Venezuela diciendo que era un triunfo para los venezolanos el compromiso financiero de financiamiento por parte de China, a la producción petrolera.

Al partido FMLN en el poder, China le ha hecho una oferta deslumbrante: hacer del Puerto de La Unión, un centro de distribución regional de todos los productos chinos, además de la construcción de zonas francas; sin contar con el complejo hotelero que inversores chinos pretenden hacer en la isla Perico.

 EE.UU. descuidó su patio trasero

Durante la Guerra Fría, Estados Unidos estuvo muy atento con lo que sucedía en Centroamérica con los movimientos guerrilleros. Pero parece que en la guerra comercial que libra con la República Popular de China, se descuidó y los chinos le están ganando terreno.

Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras y ahora El Salvador (también tiene planes de invertir en Guatemala)… China va conquistando terreno en la “yard” de Estados Unidos y de paso, armado con una buena chequera, va ganando la batalla diplomática a Taiwán que va perdiendo respaldo político.

¿De qué forma? pues en El Salvador no lo tenemos claro porque el Órgano Ejecutivo no ha sido completamente transparente. En los otros países mencionados ya se instaló con empresas como Huawei en la Zona Libre de Colón, Panamá; también se ha establecido vuelos directos; en Costa Rica, zonas económicas especiales (zonas francas); en Nicaragua con la construcción (en ciernes) de un canal en el cual invertiría 50 millones de dólares.

Como en la Guerra Fría, en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la región latinoamericana es solo un campo de medición de fuerzas. Y la incertidumbre entre la población es mayúscula pues el Ejecutivo, en manos del FMLN, está haciendo  pactos y tratos al mejor postor y, lo peor, a espaldas del pueblo, de la sociedad.

El Puerto de La Unión Centroamericana tiene más debilidades que fortalezas. Es un puerto pequeño, mal equipado y,sobre todo, con un canal de acceso poco profundo que no permite el arribo de barcos de gran calado; si se quiere recibir grandes buques es preciso invertir, permanentemente, sumas millonarias en dragar el canal de acceso que es azolvado por tres corrientes marítimas.

¿Y aún así, los chinos están interesados en él?.

Amenazas y temores

Como ya se dijo anteriormente, China  ha montado una estación espacial en la Patagonia, Argentina, con una antena parabólica de 35 metros de diámetro, una altura de 50 metros a un costo de cincuenta millones de dólares.

Frank A. Rose, quien fue subsecretario de Estado para el control de armas durante el gobierno de Barak Obama, mencionó que en años recientes China ha desarrollado tecnología sofisticada para interferir, alterar y destruir satélites, según un artículo publicado el pasado 18 de julio, en el New York Times,  sobre la estación espacial china.

En ese mismo artículo, se asegura que las antenas y otros equipos que se utilizan de respaldo en misiones espaciales, similares a las que tienen los chinos en la Patagonia, posiblemente aumenten la capacidad de China para recabar información.

“Una antena gigante es como una enorme aspiradora”, comentó Dean Cheng, quien trabajó como investigador en el Congreso estadounidense y ahora estudia la política de seguridad nacional de China. “Succiona señales, información, todo tipo de cosas”, citó el New York Times.

El segundo punto estratégico para colocar una segunda estación espacial es la isla Perico y para completar el triángulo podría ser una isla del Caribe. Hay que tomar en cuenta que la empresa china interesada en el puerto es APX, que entre sus rubros está la producción de tecnología militar.

La más elemental lógica indica que cualquier persona o empresa debe analizar detalladamente si es conveniente contraer una deuda y con quién.  ¿Para qué deseo el financiamiento? ¿cuál acreedor conviene más ¿cuál es el plazo de pago e interés del préstamo? ¿cuáles son las posibles adversidades que podríamos enfrentar?.

Pero hasta donde se sabe,  El Salvador no ha hecho los análisis pertinentes; la información revelada por los funcionarios del FMLN en el Ejecutivo es muy escasa, como si  se tratara de una empresa privada. 

Y parece ser que los salvadoreños no hemos pasado del asombro al saber que China quiere operar el Puerto de La Unión Centroamericana e invertir en la isla Perico, pero no hemos exigido a Sánchez Cerén y a su gabinete que pongan las cartas sobre la mesa.

Por su parte, la Asamblea Legislativa se limitó a hacer una reforma legal para evitar la venta de islas salvadoreñas a personas naturales o jurídicas extranjeras, y a formar una comisión especial para determinar la situación legal de la isla y de un grupo de habitantes.

Parece que se han conformado con saber que la isla, hasta esta fecha, no ha registrado ningún movimiento en el Centro Nacional de Registros, en cuanto a cambio de propietarios.

Valdría la pena que tanto los demás órganos del Estado y la sociedad en general se interesaran por saber qué ha pasado con otras naciones latinoamericanas que se endeudaron excesivamente con China y que, al no poder pagar los préstamos, han tenido que ceder parte de la extracción de recursos naturales al gigante asiático. Venezuela y Ecuador son un claro ejemplo con su petróleo.

Los salvadoreños deberíamos saber la forma nada transparente en que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner negoció la instalación de la estación espacial en la provincia de Neuquén, en la Patagonia y qué ganaron o perdieron los argentinos.

 

Estación espacial instalada por la República Popular de China, en la provincia de Neuquén, Argentina, en la región de la Patagonia.

Estación espacial instalada por la República Popular de China, en la provincia de Neuquén, Argentina, en la región de la Patagonia.

China y su “ventana” al mundo instalada en la Patagonia

En 2009, el gobierno argentino estaba en crisis. La inflación era alta, estaban a punto de vencerse las fechas para pagar miles de millones de dólares en deudas, el descontento contra del gobierno iba en aumento (entre otras cosas, por la decisión de nacionalizar fondos privados de pensiones que tenían un valor de 30.000 millones de dólares).

Además, la peor sequía en cinco décadas hizo que la situación económica se volviera aún más desalentadora.Pero llegó China y dio un paso al frente para iluminar el futuro. En primer lugar, cerró un acuerdo de canje de monedas (o swap) por 10.000 millones de dólares que ayudó a estabilizar el peso argentino y, después, prometió invertir otros 10.000 millones de dólares para arreglar el deteriorado sistema ferroviario del país.

En medio de esta situación, China también envió un equipo a Argentina para discutir un asunto que no tenía nada que ver con las fluctuaciones monetarias: las ambiciones espaciales de Pekín.

Los chinos querían contar con un centro en el otro hemisferio del planeta que pudiera rastrear satélites antes de lanzar una expedición al lado más lejano de la Luna, el cual nunca se puede ver desde la Tierra. Si la misión —cuyo lanzamiento está programado para este año— tiene éxito, será un hito en la exploración espacial y es probable que trace el camino para la extracción de helio 3, un isótopo que algunos científicos consideran una fuente potencial y revolucionaria de energía limpia.

La Agencia Nacional China de Lanzamiento, Seguimiento y Control General de Satélites, una división de las fuerzas armadas del país, se estableció en este pedazo de 200 hectáreas azotado por el viento en la provincia de Neuquén. Flanqueado por montañas y alejado de centros poblados, el sitio ofrecía un punto estratégico ideal para que Pekín monitoreara satélites y misiones espaciales las veinticuatro horas del día.

Félix Clementino Menicocci, el actual secretario general de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales de Argentina, mencionó que los chinos habían convencido a los funcionarios argentinos con la promesa de que habría desarrollo económico, y con la posibilidad de ser facilitadores de una iniciativa que haría historia. “Se han vuelto los grandes actores en el espacio en tan solo unos años”, dijo Menicocci sobre el programa espacial chino.

Después de meses de negociaciones en secreto, el gobierno chino y el de la provincia de Neuquén firmaron un acuerdo en noviembre de 2012, con el que China obtenía el derecho a utilizar el terreno —sin pago de renta— durante cincuenta años.

Cuando los legisladores provinciales se enteraron del proyecto, la construcción ya estaba en marcha, y algunos se horrorizaron. Betty Kreitman, entonces diputada de Neuquén, dijo que estaba indignada de que el Ejército chino tuviera permiso de montar una base en territorio argentino.

“Es vergonzoso renunciar a la soberanía en tu propio país”, se lamentó Kreitman.

Dijo que cuando visitó el sitio de la construcción, presionó a los funcionarios chinos para que le dieran respuestas, pero se marchó con un sentimiento de consternación aún más grande.

“Esta es una ventana hacia el mundo”, recordó Kreitman que le comentó el supervisor chino del sitio. “Me dieron escalofríos. ¿Qué se hace con una ventana que ve hacia al mundo? Espiar la realidad”.

Puede leer el artículo completo aquí: https://www.nytimes.com/es/2018/07/28/china-america-latina-argentina/

 

 

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