“Me regresé porque en el albergue de Tapachula nos tratan como perros”

Un salvadoreño que iba en la segunda caravana asegura que los policías federales mexicanos los maltrataron diciéndole que los migrantes son una mierda, que solo a joder llegan a México

Juan N. (nombre cambiado) fue uno de los salvadoreños que creyeron en la palabra de Mauricio Ituarte, cónsul de México en Tecún Umán, cuando les dijo que tendrían buen trato si decidían entrar a su país y firmaban una solicitud de refugio.

Juan es un joven del departamento de La Libertad que decidió huir de El Salvador por varias razones. La de más peso es que con el empleo de vendedor de tortas a penas conseguía ganar para su comida y él aspiraba a mucho más que eso. Otra razón, un poco más añeja, es que había tenido una desilusión amorosa. Se enteró que el trabajo que su mujer hacía no era lo que a él le había contado. Ella ejercía la prostitución disfrazada de masajista.

Escuche aquí las declaraciones de Juan N. Así me trataron en México

 

“Voy a firmar la petición de refugio. Una vez que esté en México veré cómo le hago para pasarme a Estados Undios”, comentó Juan antes de que caminar sobre el puente.

Y se fue creyendo en las palabras de Mauricio Ituarte, cónsul de México en Tecún Umán, quien llegó al parque de esa localidad a decirle a los migrantes de la caravana salvadoreña que su país los recibiría con los brazos abiertos siempre que ingresaran de manera ordenada y cumpliendo la ley.

Cumplir la ley implicaba que una vez en territorio mexicano, debían firmar una petición de refugio cuya resolución podría tardar hasta 45 días, pero que en ese lapso, estarían en un refugio temporal donde tendrían las condiciones básicas para vivir y un trato digno de un ser humano.

Pero Juan asegura que nada de lo que dijo Ituarte es verdad y por eso el sábado a la 1:00 de la tarde volvió a El Salvador, como repatriado.

“Mire, todo lo que nos dijo el gobernador (se refiere al cónsul Ituarte) es mentira. No nos llevan directo a los buses. Nos llevan y nos tienen encerrados un rato. Luego cuando ya estaba oscureciendo nos llevaron a la Estación Siglo 21 del INM (Instituto Nacional de Migración de México) para tomarnos todos los datos. Allí le preguntan a uno si se quiere volver a El Salvador. Uno decide. Pero por supuesto  uno no se quiere venir porque desde el momento que uno cruza la frontera, ellos le ofrecen el refugio, que es un recurso migratorio”. aseguró el salvadoreño.

“De allí lo mandan a uno a un albergue donde están todos, todos los inmigrantes, hondureños incluso hasta cubanos, y allí estamos valiendo madres; allí ya no existen derechos humanos, ya no hay acceso a la prensa, ya no existe nada. Nos dejan como si estuviéramos entrando a los Estados Unidos. Nos violan todos nuestros derechos”, agregó Juan.

El salvadoreño explicó que prefirió regresarse porque el viernes (2 de noviembre) en la tarde, un día después de que pasara a México, comenzaron a sacar uno a uno a los del grupo que habían entrado con él.

“Eso nos generó preocupación y desistimos de seguir con lo del refugio;  desde el refugio nos mandaron a la Estación Siglo 21 de regreso. Nos metieron al Corralón que es una prisión donde hay toda clase de migrantes, incluso árabes. Ahí logramos hablar con el cónsul, gracias a Dios, y nos dijo que salíamos a las 8 de la noche para El Salvador y nos mandaron”, acotó el migrante.

“Gacias a Dios nos mandaron. Yo preferí venirme porque en verdad créamelo, allá no existe un buen trato para nosotros. No existen derechos para nosotros. Por el contrario, todos los mexicanos que están allí, más que todo policías federales, nos tratan de una manera racista, diciéndonos que nosotros somos mierdas, que nosotros estamos invadiendo su tierra, que nosotros dejamos nuestras casas porque somos bobos, que nosotros llegamos a joder, a robar y hacer cosas indebidas a su país, que somos basura. Así nos dicen los federales cuando ya estamos al otro lado”.

Juan y otros migrantes de la caravana que partió el miércoles 31 de octubre, regresaron a la 1:00 de la tarde del sábado 3 de noviembre.

También puedes leer mi crónica: Ver, oír y sentir en 500 kilómetros con la caravana de migrantes salvadoreños

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