Crónica del funeral de un policía (más) asesinado

Fue sepultado sin honores a pesar de que fue asesinado por pandilleros por ser policía.

Una pequeña bandera salvadoreña de tela brillante sobre el ataúd del policía Herbert Manfredo Soto Flores me llamó la atención cuando lo descargaban del carromato. Era pequeña, de tela brillante y lisa, con tres cordones de la misma tela en un extremo.

Resultaba evidente que no era la bandera oficial que suelen entregarles a las madres o esposas de policías asesinados: un abandera larga que cubre todo el ataúd y de una tela especial que no da problemas al doblarla de forma triangular antes de entregarla a los familiares dolientes.

De repente una imagen me resultó más patética, quizá chocante: dos hombres de aspecto fornido retiraron la bandera del ataúd y se alejaron unos cuantos pasos para intentar doblarla en triángulo. Lo hicieron con mucha torpeza pero es posible que la culpa haya sido de la tela. Me sentí tentado a ofrecerles mi ayuda.

Comencé a filmarlos. Como estaba muy seguro de que eran policías, solo grabé de la cintura hacia abajo, para evitar tomarles el rostro y exponerlos posiblemente al peligro de que también los maten los pandilleros.

 

Cuando terminaron les pregunté por qué no le habían hecho honores a Soto Flores. Uno de los dos me contestó que había un protocolo y que se le estaba dando cumplimiento. Soto Flores no tenía derecho a honores porque no había muerto en actos del servicio.

Le recordé que algunos casos de agentes policiales que fueron asesinados mientras estaban de licencia, le mencioné como otro ejemplo el caso de un comisionado fallecido por causas naturales… A todos ellos les rindieron honores.

“Bueno, ahí se rompió el protocolo”, me respondió aquel hombre. Y cuando le pregunté por qué ningún jefe policial había asistido al sepelio, respondió mientras se alejaba: “Yo soy jefe”. Luego me enteré de que era un inspector jefe, al frente de la seguridad pública de la delegación de Usulután.

La mera verdad es que al agente Soto Flores no le rindieron honores porque tenía un historial de trabajo con varias amonestaciones debido a que había caído en las garras del alcoholismo, como cientos de elementos policiales de nivel básico, ejecutivo y superior.

Hace menos de un año, el comisionado José Elías Menjívar Domínguez murió a causa del alcoholismo que causa tantas bajas o más que las pandillas. A este jefe policial tampoco se le rindieron los honores.

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A Soto Flores lo asesinaron dos pandilleros que se conducían a bordo de una motocicleta.  Hay dos versiones sobre el hecho. Una es que el policía andaba emborrachándose y que cuando salió del lugar donde bebía, fue acribillado. La otra versión es que recibió una llamada y salió de su casa. Como andaba de goma, se puso a vomitar y fue en ese momento que dos pandilleros se le acercaron y lo mataron.

Compañeros del agente policial aseguran que por esa razón no llegaron jefes policiales uniformados a darle el pésame a los padres y a la esposa. Tampoco se le hicieron los honores oficiales.

Se metió a la policía no por necesidad de empleo

A pesar de su problema de alcoholismo, Soto Flores SÍ era un policía por vocación, no por necesidad de un empleo o de recibir entre 450 a 525 dólares mensuales.

A pesar de su defecto o enfermedad, como se quiera tomar su adicción a las bebidas alcohólicas, para Marta Rivas era un gran nieto. Eso dijeron familiares y lugareños.

La anciana, de 93 años, no pudo asistir al entierro de su nieto. Desde una silla de ruedas vio pasar el cortejo fúnebre sobre la calle principal de la población de El Tránsito. Cuando estaba con licencia, Herbert Manfredo estaba pendiente de si su abuela ya se había bañado o si ya hacía comido.

Marta Rivas, 93 años, desde su silla de ruedas vio pasar el funeral de uno de sus nietos.

Marta Rivas, 93 años, desde su silla de ruedas vio pasar el funeral de uno de sus nietos.

Soto Flores era abogado y notario de profesión. Se había licenciado en Ciencias Jurídicas a principios de la década pasada, de la Universidad Gerardo Barrios.

Sus padres tampoco estaban esperanzados a que cada vez que le pagaran a su hijo irían al supermercado a comprar víveres con la ayuda que aquel les diera de su sueldo.

Flores Soto tampoco se hizo abogado a expensas de permisos o becas porque era policía, como muchos oficiales lo han hecho.

Flores Soto primero obtuvo su título universitario y su autorización como abogado y notario y luego intentó ingresar a la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP) en el nivel ejecutivo. Eso es lo que afirman sus familiares y compañeros policías.

Pero por circunstancias que sólo el supo, no fue admitido en ese nivel. Eso es lo que cuenta su familia, donde muchos han fueron militares durante el conflicto armado o policías postconflicto.

Pero Herbert Manfredo quería ser policía, así que no le importó meterse al nivel básico. Se hizo policía allá por el 2009.

“Le llegaban trabajos estando en la corporación. Yo le decía: licenciado y usted qué está haciendo ganando una babosada; exponiendo su vida por nada, si usted allá afuera puede vivir mejor”, afirmó uno de sus compañeros de trabajo que pidió no mencionar su nombre.

Otros policías expresaron que sabían perfectamente que Soto Flores no tenía necesidad de trabajar como policía para pode vivir. Provenía de una familia de gente trabajadora que tenía sus comodidades.

Y sin embargo, quiso ser policía, fue policía y lo mataron por ser policía.

Ante la ausencia de jefes policiales o de los honores que le debieron haber rendido, el descontento de policías afloró.

“Sabe lo que nos dice un oficial:  por cada uno de ustedes que se va o lo matan, hay diez que quieren entrar a la Academia. Eso nos dice y lo dice con desprecio”, afirmó un agente policial consultado.

“Cómo cree que uno se va a sentir al ver que a los jefes de uno les vale verga que a uno lo maten”, preguntó otro uniformado.

“Yo por eso le he dicho a mi mujer que el día que me maten, que no vaya a permitir que ningún hijueputa jefe vaya a estar presente en mi entierro. Son hipócritas con los que verdaderamente andamos poniendo el pecho”, afirmó un sargento quien es fundador de la Policía Nacional Civil.

Asistir al funeral del policía Soto Flores me dejó claro un problema: la moral de la muchos policías está por el suelo. La mayoría está en esa institución no por convicción, como Soto Flores, sino porque es una fuente de trabajo que les permite sobrevivir, les permite pagar los préstamos que tienen en los bancos, créditos que obtuvieron para poder hacer una casa, para curar a un hijo o a la esposa de alguna enfermedad…

No me cabe duda de que Herbert Manfredo Soto Flores es un policía más que fue asesinado; una vida que a ningún jefe policial le importa porque hay muchos que están dispuestos a hacerse policías… Pero policías por necesidad de un trabajo, no policías por convicción.

Descanse en paz, licenciado, policía y abogado, Herbert Manfredo Soto Flores.

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